Con un lleno prácticamente total de la plaza, el Real Club Pineda celebraba el pasado sábado, 28 de febrero, su II Festival Taurino que quedará en la memoria de todos los aficionados que pudieron disfrutarlo.
Fue una mañana redonda que abría la temporada taurina en nuestra ciudad y que contó con un público multitudinario que respondía con entusiasmo el principio del festejo.
El temple, la valentía y la conexión de los maestros con los novillos marcaron un festival emocionante, en el que cada faena fue disfrutada con intensidad bajo el sol matinal.
Se lidiaron novillos-toros de la Ganadería de Gregorio Garzón que fueron nobles y tuvieron gran calidad, ayudando al triunfo de los toreros.
El primero en salir al ruedo fue el maestro sevillano Juan Ortega, quien, a pesar de encontrarse con un novillo con justeza de fuerza, supo darle sus tiempos al animal y mantuvo la templanza destacando al natural. Ortega remataba la faena cortando dos orejas. Cabe destacar, la sorpresa que supuso ver a Juan Ortega banderillear siendo posiblemente, la primera vez de su carrera.
El matador de Espartinas, Borja Jiménez se enfrentaba al segundo novillo de la mañana. Al que le cortó dos orejas, basando su faena en un gran sentido del temple y de las distancias. Coronó su faena con un extraordinario volapié.
El tercero correspondió al sevillano Pablo Aguado, que brindó su faena al público. Se enfrentó al novillo más complicado de la mañana. Con su sello personal y torería, firmó una actuación redonda que, al igual que sus compañeros, remataba con el corte de dos orejas.
Manolo Vázquez se encontró con un novillo manejable, con algo más de fuerza que los anteriores y que toreó con ese concepto de la familia Vázquez, gustándole al público. Cuajando al animal por ambos pitones, culminó la faena cortando dos orejas.
El novillo más importante salió en quinto lugar. Al que Javier Zulueta entendió desde el primer momento. La faena estuvo a la altura de la bravura y transmisión del de Gregorio Garzón. A manos de Zulueta fueron los máximos trofeos y la merecida vuelta al ruedo al bravo novillo.
Cerrando el cartel de una mañana memorable, le tocaba el turno al novillero Rodrigo Molina que de manera muy emotiva brindó la faena a miembros de su familia. Cuajó al novillo desde el principio, dando una lección de temple y seguridad durante la faena. Molina le cortó las dos orejas.
Tras todas estas actuaciones de alto nivel y para cerrar una jornada única en Pineda, todos los aficionados pudieron continuar con la celebración en la zona del hipódromo del club, donde se habilitaron puntos de hostelería y una completa programación musical que remataron una auténtica fiesta del toreo que ha hecho leyenda y que enorgullece al Real Club Pineda de Sevilla.
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